La etimología de la palabra Titicaca parece ser Piedra del Sol aunque algunos de sus habitantes lo traducen por Piedra Jaguar, uno de los tres animales más sagrados tanto para Aymaras como para Quechuas. La razón de la confusión puede ser una piedra situada en la Isla del Sol que posee una cierta forma de jaguar inscrita en ella y de la cual se cuenta surgió el mismo sol en el principio de los tiempos. En definitiva, tanto para los Aymara como para los Quechua, el mundo entero surgió de este lago, así como el primer Inca, Manco Capac, que también se cuenta surgió de sus aguas. Es curioso que los pobladores de las "Islas Flotantes" comenzaran a construirlas precisamente para huir del propio Imperio Inca.
Con el frío de la mañana abordamos en Puno la embarcación que nos habría de llevar ese día hasta la isla de Amantaní realizando una pequeña escala en las islas flotantes cuyos habitantes han encontrado en el turismo un negocio mucho más rentable que la pesca. Después de esta visita y un corto paseo en una canoa de totora, la embarcación tradicional del lago, abandonamos el laberinto de juncos para adentrarnos en zonas más profundas y navegar hasta el primero de nuestros destinos.
La isla posee dos cerros que se elevan entre 300 y 320 metros sobre el nivel del lago. Ambos están coronados por pequños templos dedicados a la deidad femenina Pacha Mama (Pacha = mundo, universo, cosmos) y la masculina Pacha Tata. Como la mayoría de la gente suele dirigirse al menos elevado de los dos, el dedicado a la deidad masculina, nosotros nos dirigimos al más alto. Imaginamos que desde este tendriamos una mejor visión del lago y no andábamos muy equivocados. La subida no es larga pero a estas altitudes cualquier pequeña ascensión es una prueba para los pulmones. Desde la cima el paisaje era alucinante.
Regresamos a la casa a desayunar y a recoger los trastos para dirigirnos al barco. La mujer que nos había acogido en su casa se estaba arreglando para ir a la ciudad. Había cambiado su traje tradicional por un chandal y su aspecto había rejuvenecido. Tanto es así que en un primer momento pensamos que era su hija. Es curioso como la apariencia condiciona nuestras apreciaciones. Bajamos juntos al puerto y allí esperamos entre el bullicio de la gente que iba o venía y los tradicionales vendedores de zumos con sus improvisados puestos.
Abordamos el barco y en poco tiempo rodeamos la isla y pusimos proa hacia la cercana Taquile. Desde el barco pudimos comprobar la curiosa forma de la parte sur de Amantaní que recuerda la cara de un sapo con sus dos prominentes ojos contemplando el horizonte.
Abandonamos Taquile para adentrarnos en el golfo de Puno y al cabo de tres horas, mientras la lluvia nos alcanzaba, entramos en un canal entre la totora que había de conducirnos hasta el siempre concurrido puerto. Allí nos despedimos de nuestra amiga que tan amablemente nos había acogido en su casa y nos dirigimos al hotel.
Al día siguiente cogimos temprano un autobús para dirigirnos a la parte Sur del lago, la parte boliviana. La carretera serpentea por la orilla del lago ofreciendo una curiosa visión: la de miles de tejados de hojalata reflejando el sol. Aunque se sigue utilizando todavía el adobe en la construcción de las casas, la paja ha pasado a la historia en favor de éste material que necesita muchísimo menos mantenimento.
En unas tres horas llegamos a la frontera de Bolivia y la cruzamos no sin alguna dificultad con los papeles. Parece que en estos puestos pequeñitos se aburren y han de entretenerse contigo, aunque la policia boliviana se puede considerar amable si se la compara con la policia fronteriza peruana. Estos parece que necesitan sentirse superiores a tí demostrandote que si ellos no quieren no entras en su país. Tener cuidado si llevais alguna "sustancia ilegal", en estos pequeños puestos fronterizos tienen todo el tiempo del mundo para registrarte.
Llegamos a Copacabana en media hora más y allí pasamos la tarde entre compras, copas y sopas. Al día sigiente salimos temprano hacia la Isla del Sol y desembarcamos en la parte Sur de la isla, en un pequeño puertecito al que sólo llega un barco al día. De allí parte un camino que se dirige en principio al Este y luego sigue el eje central de la isla por su parte más alta hasta el puerto que se encuentra en su centro. Para acceder a este camino los turistas han de abonar una módica cantidad que de paso da derecha a visitar el pequeño museo de la localidad y los restos de un poblado preincaico en la parte Este. Es cerca de este poblado donde se encuentra Titicaca, es decir, la "Roca Jaguar". Es una gran roca en la que con un poco de imaginación podemos ver la forma de este animal. De ella, cuenta la tradición, nació el sol y, también se cuenta, salieron Ma
Desde allí y rumbo Norte parte una de las caminatas más bonitas que nunca he hecho. El camino asciende de forma gradual hasta la parte más alta de la isla situada a 4.075m y a nuestro alrededo se extiende todo el lago de un azul intenso. No podía evitar que esta visión me recordará mi Mediterraneo natal, supongo que también influido por el calor de un día esplendido, y sin embargo no paraba de repetirme que me encontraba a más de 3.800m de altura.
Tranquilamente fuimos recorriendo los kilómetros que nos separaban de nuestro destino en la parte central de la isla disfrutando del hermoso paisaje que conforman las abundantes ensenadas y los altos nevados que se recortaban en la distancia. El viento dibujaba sobre las aguas del lago trazos mientras lejanas nubes recortaban el intenso azul del cielo separándolo del de el agua.
Como para recordarnos donde nos encontrábamos conforme se puso el sol las nubes comenzaron a cerrarse y no tardó demasiado en ponerse a llover. La fuerte tormenta no amainó en toda la noche y los truenos retumbaban como lo han de hacer en las mismísimas puertas del cielo, de donde no andariamos muy lejos. Al parecer es bastante normal que la fuerte evaporación del día caiga en forma de tormentas cuando por la noche desciende la temperatura bruscamente. Este lago es un lago cerrado. Ningún rio sale de él con dirección al mar. Tan sólo una pequña cantidad llega a alimentar otro lago inferior y mucho más salado a traves del corto rio Desagüadero para más tarde perderse en los Salares de Coipasa y Uyuni. Un mundo cerrado, como ha sido durante mucho tiempo esta zona, una de las últimas en caer bajo el dominio español.
